Lo que después me vino a la cabeza parecía aún más improbable que el pensamiento que tuve cuando llegué. Me detuve un segundo. Sentí tensa, muy tensa la cara. Tenso, muy tenso el cuerpo. Había llegado a donde quería. En un instante sentí llena mi memoria; todo se condensó en un solo punto. Respiré. Me relajé un poco. Me tomó tiempo. Estaba seguro de que era lo que quería. Pero parado en la puerta dudé. Dudé si lo que venía valdría la pena. Los sacrificios no han acabado aún. Como sea, es el inicio de una nueva vida, de una nueva vocación. Y desde ahorita cualquier cosa en adelante es plausible. Para bien. Y para mal.

Deja un comentario